La valerosa Cofradía del Señor de los Afligidos

Los nazarenos anteceden al Señor de los Afligidos./Alberto Márquez
Los nazarenos anteceden al Señor de los Afligidos. / Alberto Márquez

Los fieles y hermanos siguieron al Santo Entierro de Cristo pese a las grises nubes y el viento

ALBERTO MÁRQUEZ CARRASCALFREGENAL DE LA SIERRA

Pocos minutos pasados de las cinco y media de la tarde, y como estaba previsto en el programa oficial, salió por la puerta de la Iglesia parroquial de Santa Ana la Cofradía del Señor de los Afligidos. Al cruzar el umbral, los nazarenos de todas las cofradías y hermandades de Fregenal, que a causa de la lluviosa Semana Santa se han quedado en sus templos, veían volar sus capas por el fuerte viento. Un reto al que los hermanos del Señor de los Afligidos se enfrentaron antes de sacar a sus titulares a la calle.

En los prolegómenos de la salida procesional, las partituras de algún componente de la Asociación Musico-Cultural de Fregenal de la Sierra volaban rozando el tejado de Santa Ana a causa del vendaval. Mientras tanto, los vecinos se acercaban tímidamente ante el anuncio de la salida, que se hizo con rapidez. Casi encontraban con sorpresa las Madres Agustinas a los pasos del Señor de los Afligidos y Nuestra Señora de los Dolores. Su oración se asomaba mientras el pueblo se iba sumando al Santo Entierro de Cristo. También aparecían a las puertas del antiguo Hospital del San Blas los ancianos que, prestos, acudieron al devenir de los pasos.

Como marca la tradición, alrededor de una veintena de hombres acompañaban al Cristo en el último caminar hasta el sepulcro de Santa Ana. Una procesión en la que puede aprenderse de los mayores la historia de nuestro pueblo a través de su memoria, que rebrota mientras pasean por las calles que recorre la procesión. Poner el oído a sus reflexiones sobre su pasado y nuestro presente nos enseña, de la misma forma que el Evangelio andante al que acompañan.

El Paseo asiste al encuentro.
El Paseo asiste al encuentro. / Alberto Márquez

Llegados al Paseo de la Constitución se produce el encuentro entre los titulares de la Cofradía, al que asiste numeroso público, que a pesar de la tarde se ha asomado a asistir a la estación de penitencia. El Señor de los Afligidos es alzado al cielo nuboso, después de que el capataz dedicase la levantá a los costaleros, «los verdaderos pies de nuestra Semana Santa»:

De vuelta a Santa Ana, el órgano recibe a los pasos, mientras el Señor de los Afligidos se acerca al altar donde volverá a enterrarse bajo los relieves que tallara Roque de Balduque hace cinco siglos.

El joven capataz llama a los costaleros para la levantá.
El joven capataz llama a los costaleros para la levantá. / Alberto Márquez