El pueblo gitano desborda alegría con bailes y palmas a la Majarí de los Remedios /ALBERTO MÁRQUEZ

El pueblo gitano desborda alegría con bailes y palmas a la Majarí de los Remedios / ALBERTO MÁRQUEZ

El pueblo gitano renueva su devoción a la Majarí de los Remedios

Cientos de gitanos recuperaban la Romería Gitana tras varios años afectados por la pandemia

Alberto Márquez
ALBERTO MÁRQUEZ FREGENAL DE LA SIERRA

La mañana del domingo, 30 de octubre, amanecía soleada en el Santuario de Ntra. Sra. Santa María de los Remedios. En el camino que separa el este santuario, inscrito en el corazón de la dehesa extremeña, y Fregenal de la Sierra, se empezaban a ver muchos coches y algunos peregrinos descalzos. El pueblo gitano volvía hasta la casa de la Majarí Calí, coincidiendo con el último domingo de octubre.

Tras dos años afectados directamente por la pandemia, esta cita ha recobrado todo el esplendor de años anteriores, que a pesar de no alcanzar las cifras masivas de otras décadas, sí supuso la llegada de un nutrido grupo de peregrinos hasta Fregenal. Alrededor de medio millar de gitanos se acercaban hasta el real, conducidos por la Madre de los Remedios, desde distintos puntos de la geografía extremeña y nacional.

«Cada año que vengo es como si fuera la primera vez», nos comenta antes de empezar la celebración religiosa Remedios Suárez Salazar, presidenta de la Asociación Gitana Virgen de los Remedios. «Ha estado lloviendo cuando salíamos de Almendralejo» contaba Remedios entre sonrisas, «y sin embargo al llegar aquí nos encontramos con que la Virgen nos ha regalado un día muy bonito para que podamos disfrutar de una romería plena».

También participaba de la celebración José Emiliano Rodríguez Amador, director nacional de la Pastoral Gitana. «Los gitanos tenemos mucha devoción a Nuestra Madre del Cielo, sobre todo a nuestra Virgen de los Remedios», apuntaba José Emiliano, «desde siempre los gitanos han acompañado este día y con esa alegría para celebrarle y pedirle».

María José Santiago junto a su compañera de canto al finalizar la celebración / ALBERTO MÁRQUEZ

La celebración eucarística no estuvo exenta de elementos que se han convertido en una tradición para la liturgia que protagoniza el pueblo gitano. Una bandera presidía desde el altar como insignia que condensa al pueblo gitano, así como otros símbolos que fueron ofrecidos a la Virgen, como varas y sombreros. Además, se introdujo un nuevo elemento con la lectura de las peticiones a la Marají Calí en idioma romaní, la variedad lingüística que caracteriza al pueblo gitano.

Durante la eucaristía también fue esencial la participación del grupo flamenco proveniente de Almendralejo, que interpretaban obras propias para la celebración. Un grupo que contó con la presencia destacada de María José Santiago, que ha pisado el real durante esta Romería durante más de dos décadas. Una «fiel devota», como ella se describía a sí misma tras acabar la ceremonia, «pues yo vengo todos los meses a verla a ella, porque me siento parte de este lugar».

La fiesta se prolongó durante toda la tarde en el real de la Virgen / alberto márquez

Al acabar la misa, todos querían bailar a su Madre, entonando el famoso canto que reza «alegría Virgencita hoy venimos a tu casa, todos los gitanos juntos para darte a ti las gracias». Jóvenes y mayores se esmeraban en ejecutar sus mejores pasos mientras las palmas al viento inundaban la nave principal del santuario, con alegría desbordante. La fiesta continuó seguidamente en el real, donde varias familias gitanas se habían instalado a la sombra de las encinas, a la espera del festival flamenco que pondría el broche a una jornada de convivencia, multiculturalidad y devoción a la Majarí de los Remedios.