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Las armas y las letras

Las armas y las letras

José Antonio López Rodríguez

Fregenal de la Sierra

Sábado, 2 de marzo 2024

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La dificultad de trasladar y mantener en aquellos lejanos territorios a un soldado de los Tercios, armado con su temible «pica» está en el origen del dicho que hoy por extensión hace referencia a cualquier tarea ardua o costosa.

El capitán Juan Arias de la Mota, militar del siglo XVI, seguramente coincidió en Flandes con los míticos Juan de Londoño y Julián Romero. Este último, que mandó el Tercio Viejo de Sicilia, inspiró el personaje del capitán Alatriste.

Arias de la Mota era sobrino de Benito Arias Montano, pues fue hijo extramatrimonial del hermano mayor del humanista, el licenciado Juan Arias de la Mota y de Dª Luisa de Esquivel.

El hermano de Arias Montano abandonó pronto su casa paterna en Fregenal. Fue abogado de los Reales Consejos y Alcalde Mayor de Castrotorafe de la Orden de Santiago, con cabeza en San Cebrián de Castro, Zamora. En 1560 se integró como jurisperito en el séquito del Conde de Nieva Diego López de Zúñiga y Velasco, caballero de Santiago que fue nombrado Virrey del Perú y se embarcó con él con destino a Lima. Así consta en el Archivo General de Indias.

Su hijo, llamado también Juan Arias de la Mota, figura en Wikipedia como «Juan Arcos de la Mata» pues con esos erróneos apellidos lo biografió Nicolás Díaz Pérez en 1884 en su Diccionario histórico y biográfico de autores, artistas y extremeños ilustres.

En esa biografía se dice que guerreó como capitán en Flandes a las órdenes del Duque de Alba, que regresó a Fregenal en 1572 con sólo una pierna y sin el ojo izquierdo y que falleció en 1603.

Y en efecto, por aquellas fechas en las que Arias de la Mota regresó a Fregenal, el Gran Duque de Alba era sustituido por Luis de Requesens en el gobierno de los Países Bajos.

En 1577 el capitán Arias de la Mota figura como pasajero con sus criados en el Catálogo de pasajeros a Indias que editó el Ministerio de Cultura en 1980: «Juan Arias de la Mota, natural de Fregenal, hijo del licenciado Juan Arias de la Mota y de Doña Luisa de Esquivel, a Nueva España, 4 de mayo»

Arias Montano estuvo en Amberes entre 1568 y 1575. Tuvo allí actividad política como consejero de Felipe II que lo envió con la misión de supervisar una nueva edición políglota de la Biblia ya que de la políglota Complutense del Cardenal Cisneros era muy difícil encontrar ejemplares, pero también de informarle de la marcha de los asuntos en aquel territorio conflictivo.

Fue gran admirador del Duque de Alba que gobernaba los Países Bajos desde un año antes de su llegada.

En la heroica batalla de Jemminger de 1568, el Duque de Alba contra todo pronóstico aniquiló la sublevación del ejército del hermano de Guillermo de Orange, Luis de Nassau, que había inundado los campos abriendo las exclusas. A pesar de ello, los Tercios Viejos avanzando por el agua vencieron una vez más.

En conmemoración de esa batalla se levantó una estatua fundiendo los cañones incautados al enemigo. El boceto fue de Arias Montano al que su padre había enseñado a dibujar siendo niño en Fregenal.

Es un ejemplo del apoyo de Montano a la política que aplicaba en ese momento la Monarquía Hispánica aunque años después aconsejaría al Rey una vía más conciliadora que se intentó sustituyendo al Duque de Alba por Luis de Requesens y que tampoco dio resultado.

El Gran Duque de Alba en Amberes tras la victoria de Jemminger.
Imagen principal - El Gran Duque de Alba en Amberes tras la victoria de Jemminger.

«Al Duque de Alba, que extirpó la sedición, redujo la rebelión, restauró la religión, afianzó la justicia e instauró la paz como fiel servidor del Rey», esa fue la inscripción de su pedestal hasta que Luis de Requesens mandó retirarla y fundirla de nuevo, pues era muy criticada.

En la Oda a Pedro Vélez de Guevara, deja ver Montano los escrúpulos de conciencia entre la realidad mundana en la que está involucrado y su ideal espiritual, que le llevan desde joven a escapar a la cueva de Aracena.

Extraemos unos párrafos: «De Benito Arias Montano a don Pedro Vélez de Guevara, teólogo y jurisperito, prior y canónigo doctoral del Cabildo de la Iglesia de Sevilla… cuando me acuerdo de los días pasados en tu compañía y los gratos momentos en las noches silentes… cuando desplegamos los turbulentos sucesos de nuestra época… el disfrutar de la felicidad en la gruta de la recóndita y eminente Peña, merced tuya, procurando ocultarme, sustrayéndome al miedo del mar y la tormenta…»

Tío y sobrino compartieron un mismo espacio y un mismo tiempo histórico. Uno entregado a la reflexión espiritual angustiado por las contradicciones religiosas de la monarquía imperial a la que servía, mientras el otro como hombre de acción participaba seguramente en acciones heroicas como la de Jemminger. Los dos dejaron huella. Los dos pusieron una pica en Flandes. Uno con las letras y el otro con las armas, el famoso debate que sin duda afligió al primero.

Dicen que Arias Montano tuvo mucho que ver con los lemas de los blasones de Fregenal y Aracena. «Lítteris armata et armis decorata» en el primer caso y «Had itur ad astra» en el segundo.

Poco antes de morir, Arias Montano redactó su testamento y a su sobrino, en quien tenía plena confianza, lo nombró administrador de la cátedra de Aracena. Para entonces el capitán Arias de la Mota, había regresado ya de Indias.

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