Ambiente durante el concierto de Pablo Márquez en el claustro de San Francisco / PEPE CANDELARIO

Pablo Márquez puso el broche final a la Escuela Internacional de Verano Arias Montano

Un majestuoso concierto de piano en el claustro del Convento de San Francisco de Fregenal para cerrar cuatro jornadas de ponencias y mesas redondas

REDACCIÓN HOY FREGENAL FREGENAL DE LA SIERRA

Caía el sol entre los arcos y columnas que jalonan el claustro renacentista del convento de San Francisco de Fregenal de la Sierra. A las diez de la noche se congregaban en este lugar un mediano grupo de frexnenses amantes de la música, respetando las medidas de limitación covid, para asistir al Concierto de Clausura de la Escuela Internacional de Verano Arias Montano, a cargo del pianista Pablo Márquez Carrascal.

Antes de empezar el recital pianístico, el director de la Escuela de Verano y Televisión Fregenal, Alberto Márquez, trasladó al público unas palabras en nombre de la organización de este evento académico y cultural. Puso en valor la importancia del patrimonio frexnense como «un lugar que compartir con todas las personas alrededor del mundo, como hacemos con nuestra señal de YouTube a través de una cadena de televisión local». Dedicó un apartado de agradecimientos a las personas e instituciones que han permitido el correcto desarrollo de la primera edición de esta Escuela Internacional de Verano, destacando las referencias a Kiko Zapata, codirector de la Escuela, el Ayuntamiento de Fregenal, la Diputación de Badajoz y los ponentes que han estado iluminando las cuatro jornadas previas. Una ocasión especial «en un lugar sagrado para las artes frexnenses», destacaba el director de la Escuela de Verano Arias Montano, «en el que se han escuchado ya antes las interpretaciones de cante flamenco, las obras del Curso Hispano-Luso, o nos encontramos a los pies del Museo de Arte Contemporáneo de Fregenal».

Las velas que adornaban el claustro de San Francisco eran suavemente acariciadas por el viento de la noche, mientras que el protagonista de la cita entrecruzaba notas, que el mismo aire mecía hasta los oídos de los asistentes. Pablo Márquez ejecutó con brillante maestría tres obras que compusieron el programa del concierto. En primer lugar, la sonata en Mi Mayor n. 30, Op. 109 de Ludwig van Beethoven, con la que el concertista logró introducir al público dentro del ambiente creado en tan hermoso lugar.

Pablo Márquez en uno de los momentos de la actuación / PEPE CANDELARIO

El concierto continuó con Années de Pèlerinage de Fran Liszt, con una evocadora Gondoliera que trasladó a los asistentes hasta los lejanos paisajes de Venecia. Destacó especialmente la interpretación de la Tarantella, con un empuje y potencia que despertó una larga ovación en el público. El programa se cerraba con el Corpus Christi en Sevilla, perteneciente al primer libro de la Iberia de Isaac Albéniz, que de nuevo introducía en el ambiente a todos los asistentes con la calma y paciencia con la que el Guadalquivir cruza la capital hispalense.

La larga ovación que el público propinó al concertista se tradujo en dos bises. En primer lugar la Polonesa «Heroica», Op. 53 en La Bemol Mayor, de Frédéric Chopin, en la que Pablo Márquez imprimió una gran fortaleza a la interpretación, consiguiento una ovación en pie de prácticamente todo el público asistente al concierto. Finalmente, interpretó un fragmento del Intermezzo en La Mayor Op. 118 n. 2 de Johannes Brahms, con el que se puso punto final a la primera edición de la Escuela Internacional de Verano Arias Montano.