Kombucha de Fregenal para todo el mundo

Nuria y Beatriz dejaron sus trabajos en Madrid y ahora mismo producen kombucha con cinco sabores con su propia marca, KomVida :: Casimiro Moreno

Las emprendedoras Nuria Morales y Beatriz Magro triunfan en toda España con su bebida probiótica

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Beatriz Magro y Nuria Morales nacieron en 1987, se conocían de niñas cuando bailaban juntas en el grupo folclórico Los Jateros y después se hicieron íntimas estudiando en el instituto Eugenio Hermoso de su pueblo, Fregenal de la Sierra.

Después una se fue a Granada a estudiar Filología y otra a Sevilla para ser ingeniera química. Nadie les avisó de que hoy, como empresarias, serían una referencia. Sin pretenderlo, han recibido premios y dan charlas para estimular a jóvenes que quieran tomar las riendas de su vida y de paso hacer dinero.

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El caso de estas dos amigas se resume en que en apenas dos años han dado a conocer una bebida que elaboran en su pueblo, han colado su marca en Starbucks, El Corte Inglés o Carrefour y han generado de la nada una plantilla de 18 personas con perspectivas de seguir creciendo. Trabajan muchas horas, confiesan -de hecho acaban de abrir oficina en Madrid para despachar allí con clientes y proveedores-, pero que narren su peripecia dando tragos a su producto y sonriendo denota que están donde pretendían.

Emplean a 18 personas, la mayoría mujeres y hay primas, amigas y hasta el padre de una de ellas

Ahora en Nochebuena brindarán con kombucha, pero inevitablemente el éxito ha venido precedido de algún dolor de cabeza porque en sus casas hubo un momento no muy lejano, allá por 2016, en que toda la familia se preguntaba qué era la kombucha, cómo se escribía, de dónde venía, a qué sabía, si gustaría... Lógico, las dos amigas del alma acababan de dejar sus respectivos trabajos en Madrid, la primera traductora de inglés y alemán, en un laboratorio de ideas que asesoraba a empresas del Ibex 35 y la otra en una consultoría. «Ganábamos dinero, allí están nuestras parejas, vivíamos en el centro... Nos iba muy bien, la verdad, pero queríamos dejar de trabajar para otros y hacerlo para nosotras», relata Beatriz.

Todo el proceso se hace en Fregenal de la Sierra:. C.MORENO
Todo el proceso se hace en Fregenal de la Sierra:. C.MORENO

La kombucha es una bebida milenaria que se obtiene tras un proceso artesanal fermentando el té endulzado que importan de Asia mediante una colonia simbiótica de bacterias y levaduras.

Popularizar la bebida

Todo empezó con el típico viaje purificador destinado a hacerse preguntas vitales. Tras recorrer medio mundo para resetear sus ideas recalaron en California y entonces vieron que la kombucha, una bebida milenaria, casaba con su proyecto de vida y negocio pues era un producto sano que además podía hacerse en su pueblo, condición irrenunciable para Nuria, a cuyo padre diagnosticaron ELA, una enfermedad degenerativa que la ha llevado a regresar a Fregenal.

Nuria y Beatriz tenían un trabajo estable y bien remunerado en Madrid pero tras un viaje dieron un giro a sus vidas

Nuria y Beatriz ya estaban decididas en convertirse al fin sus propias jefas. Mientras la primera buscaba la fórmula ideal, la segunda le daba vuelta a cómo lanzar la marca. Gastaron su paro y ahorros y convencieron a familiares y amigos para que invirtieran en su idea. Se asesoraron convenientemente y lo apostaron todo a esta especie de infusión fría con finas burbujas, macrobiótica, energizante, de nombre sonoro y prácticamente desconocida. Según cuentan, la kombucha estaba destinada a un consumo minoritario asociado al mundo hippy. Su reto ahora es llevarla a todos los rincones y popularizarla para que pueda pedirse en cualquier bar y esté a la altura de un refresco. Se consideran, usando sus palabras, «evangelizadoras» de esta nueva bebida y con ellas aspiran a conquistar España, Europa y por qué no el mundo. «Ya estamos hablando con Asia y Estados Unidos, no descartamos nada», dice Beatriz.

Su historia es el mensaje

Dos chicas de mundo haciendo una bebida saludable y en su pueblo de 5.000 habitantes, al sur de Badajoz. Esta es la idea fuerza que tratan de explotar en su vistoso y dinámico plan de márketing, el cual se basa en su propia historia, presente en su página de Internet (una quinta parte son encargos 'online'), perfiles de redes sociales y en un etiquetado que empatiza con el consumidor.

Cuentan que la kombucha la bebían los samurais antes de entrar en batalla. Ahora en Fregenal de la Sierra el equipo de Beatriz y Nuria la producen de manera natural, sin pasteurizar para que conserve las vitaminas. Cualquier vecino sabe explicar de dónde viene y sus efectos beneficiosos para el cuerpo. Por eso dicen con tanto humor como rigor estadístico que su pueblo es el lugar del mundo donde más kombucha se consume por habitante.

Embalando un pedido, los cuales llegan fríos al cliente:: C.M.
Embalando un pedido, los cuales llegan fríos al cliente:: C.M.

Según Nuria, los primeros meses los han pasado explicando qué es la kombucha y ahora toca explicar por qué su marca, KomVida, es diferente al emplear un proceso natural y un embotellado en cristal que preserve mejor las propiedades respecto a las otras marcas que hay en España de esta categoría, en torno a una docena, y a la que ha llegado un gigante como la multinacional Pepsico. La que se hace en Extremadura, afirman, es la única con certificado IFS (norma de seguridad alimentaria) de kombucha en Europa

Producción en aumento

Ahora mismo la nave de donde salen las miles de botellas de KomVida es de apenas 400 metros cuadrados en el polígono industrial de Fregenal. Están en el mercado hace año y medio y su tirada aumenta en torno a un 20% cada mes. Según cuenta Nuria, acaban de adquirir una máquina embotelladora que multiplica por ocho la capacidad que tenían en esta parte del proceso.

Allí han dado trabajo a familiares y amigos para sacar adelante una producción que va en aumento, por lo que ya están dando vueltas a cómo ampliar unas instalaciones donde todos se sienten en familia. Lo de contratar amigas, primas y familiares fue una cuestión a la que le dieron vueltas. A día de hoy afirman que no se han equivocado.

De los 18 empleados actuales solo hay tres hombres en plantilla y uno de ellos es Antonio, padre de Beatriz, que dejó su puesto de funcionario en el Organismo Autónomo de Recaudación para acompañar a su hija en el proyecto. «La verdad, casi nadie lo vio claro. A mí me llevó a Vietnam para darme a probar la kombucha y ahora me río, pero al principio teníamos la bacteria con la que se hace la kombucha en casa y nos quejábamos. Ahora esta bebida es nuestra forma de vida», rememora entre risas.

Al lado, su hija relativiza su estrategia y lo conseguido. «Solo somos de pueblo y de mundo y nos dirigimos a la gente normal», afirma mientras se mueve por la entrada de su nave buscando el sol de estos días previos al invierno.

 

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