Carmen Martínez en el Hogar de Mayores San Blas / Laura Sierra

GENTE CERCANA

«Si volviera a nacer volvería a tener este trabajo, porque soy muy feliz con él»

Los trabajadores de los pisos tutelados han visto alteradas sus vidas personales y profesionales con nuevos protocolos de seguridad

Laura Sierra
LAURA SIERRA

Los ancianos han sido el sector de la población más afectado por la pandemia, donde las residencias han vivido los mayores dramas desde el comienzo de la crisis sanitaria. En el caso de Fregenal de la Sierra, el Hogar de Mayores San Blas ha continuado durante todos estos meses con su labor, añadiendo nuevos protocolos de higiene y seguridad para evitar contagios. La gobernanta de este centro, Carmen Martínez, asegura que han sido meses muy duros, pero que tras mucho caos lograron acostumbrarse a las nuevas normas dictadas por las autoridades sanitarias.

Pregunta: ¿Cómo es el Hogar de Mayores San Blas?¿Cuántas personas residen en él?

Respuesta: Nosotros este hogar lo consideramos una familia. Al ser piso tutelado solo puede haber un máximo de 20 personas, pero en este momento, también por motivo del covid estamos 16. En día a día es muy variado, porque hay personas a las que les tenemos que ayudar a todo y otras que son válidas y pueden prepararse solos. Al fin y al cabo lo que hacemos es estar muy pendientes de ellos, como cualquier familia con sus mayores.

P: En general, trabajando en un lugar como el Hogar de Mayores San Blas, ¿cómo se han vivido todos estos meses desde allí?

R: En general se ha vivido mal, porque al principio fue todo un caos, no sabíamos cómo actuar, ni cómo explicarles a los ancianos que no podían salir a la calle ni recibir visitas. Ademas nos veían con mascarillas, guantes y batas y les teníamos que explicar lo que estaba pasando porque ellos pensaban que eran ellos los que tenían alguna enfermedad. Son personas que necesitan contacto, necesitan abrazos y sentir que no son enfermos. Todos los días nos preguntaban si ya podían salir, nos decían: ¿ya se ha levantado el castigo?. A algunos les ha costado muchísimo el tener que dejar de salir, pero lo bueno es que aquí el edificio es muy grande, tienen un patio con sol, pasillos enormes… y se han acostumbrado. Ha sido muy difícil pero hemos tenido muchísima ayuda y detalles muy bonitos de mucha gente. Además no hemos echado en falta nada, ni mascarillas, ni geles o batas...hemos estado muy protegidos.

P: ¿En qué os ha cambiado la pandemia? ¿Qué medidas habéis tenido que añadir a vuestro día a día para proteger a los mayores?

R: Tuvimos que empezar por cortarles «su libertad», como ellos dicen, porque nadie podía entrar ni ellos podían salir. Las mercancías entran por un sitio donde no tienen acceso a los ancianos, el gel hidroalcohólico lo tienen individualizado al entrar o salir del comedor... Las normativas han sido muy cambiantes, pero lo hemos llevado de la mejor manera posible, haciendo todo lo que se nos ha ido indicando.

P: Han tenido muy poco contacto con el exterior, pero ¿son conscientes de todo lo que ha ocurrido?

R: Sí, ellos lo han ido comprendiendo todo, aunque con mucho miedo. Para cualquier persona joven lo vivimos de otra manera, porque decimos «si no puedo ir a una feria, pues el año que viene, o el otro», pero resulta que por las edades de ellos, tienen menos años de vida y nunca se sabe. Había días que se venían muy abajo, nos preguntaban frecuentemente si teníamos algún caso nuevo o si en su pueblo había algún positivo nuevo y aún a día de hoy siguen teniendo mucho miedo. Los trabajadores hemos intentado animarles todo lo posible, nos hemos inventado juegos y cree que todos nos hemos volcado, si había que vestirse de payaso pues se hacía. Hoy en día están contentos porque saben que tras varios meses no les ha pasado nada y al menos pueden hablar con sus familias por videollamada.

P: ¿Cómo ha sido el separar la parte humana de la profesional a la hora de tratar con los familiares? Seguro que más de una vez os habréis encontrado en una encrucijada...

R: Por desgracia hemos tenido tres muertes, uno de ellos murió en el hospital, pero otros dos murieron aquí en el centro y no te puedes imaginar lo duro que es ver morir a esa persona y que su familia no pueda estar con ella, se te hacía un nudo en la garganta. La situación es desgarradora cuando tienes que llamarles cada día para contarles que va a peor hasta que finalmente les comunicas que murió. No sé ni cómo explicarlo, porque no debería ocurrir que alguien no pueda en sus últimos momentos estar con su familia.

Afortunadamente ninguna de estas muertes ha tenido nada que ver con el covid, porque aunque a veces se olvida la vida sigue, sus enfermedades avanzan y la gente continúa muriendo por otras causas diferentes al coronavirus. No hemos tenido ningún caso, aunque es cierto que cuando alguno ha tenido que ir al hospital les han tenido que hacer la prueba PCR. Vosotros intentábamos hacerlo a escondidas para que los demás ancianos no se dieran cuenta, porque al ver venir a un médico o ATS vestido diferente, se asustaban mucho.

P: Viviendo en las fechas que estamos, ¿cómo está siendo la Navidad con ellos?

R: El centro está todo adornado como cualquier otro año. Ya estamos recibiendo las visitas de los familiares de una manera muy controlada, como manda el protocolo y celebramos las fiestas como siempre, aunque vamos a echar en falta por ejemplo la visita del cura con Andrés Barragán y los niños a cantarle villancicos a los ancianos, que este año lógicamente no podrá ser. Les cantaremos nosotras aunque sea sin guitarra. Las noches de Nochebuena y de Nochevieja suele venir tina con la Cruz Roja y los concejales para servirles la cena, pero este año desgraciadamente tampoco podrá ser y les vamos a echar mucho de menos.

P: Cuéntanos también tu trayectoria, ¿cuántos años llevas trabajando aquí y como te has sentido desde que llegaste?

R: Yo llevo aquí trabajando casi 20 años, estuve mucho tiempo de voluntaria, con las monjas y coincidí con una plantilla de personas que estuvimos durante muchísimos años maravillosamente. Me enseñaron todo lo que no sabía de la profesión y éramos una piña. En especial le tengo muchísimo cariño a una persona que se jubiló estando aquí trabajando, Carmen Rastrojo, que para mí fue una maestra que con su humildad me enseñó muchísimas cosas del trato hacia los ancianos, que de eso se trata. Yo siempre le digo a los trabajadores: «primero ellos y luego lo demás. Que no me da tiempo a limpiar una sala, pues me da igual, ya la limpiaremos, pero que a ellos no les falte de nada».

P: ¿Cómo te ha afectado la pandemia en lo personal? Porque el estar todo el día trabajando en un escenario tan restringido también influirá en tu forma del sentir el día a día, ¿no?

R: Jamás he vivido algo antes como lo que estamos viviendo ahora y es que duele mucho porque cuando ellos vienen aquí lo que quieren es que los atendamos con cariño y que les escuchemos. Para mí es muy duro el día que entran por primera vez, porque los ves despidiéndose de una vida con toda clase de libertades y se desahogan con nosotras. Otro momento muy duro es cuando mueren, porque forman parte de ti, son pedacitos que se van quitando de tu corazón y es muy duro, pero si yo volviera nacer volvería a tener este trabajo porque es mi vida y soy muy feliz con él.

A mí esto me ha afectado muchísimo, siento mucha responsabilidad de poderles transmitir el virus y por ello me corto mucho en mi vida personal. Tengo dos nietos a los cuales no quería ni ver y si yo sabía que algún anciano de aquí se ponía mínimamente enfermo enseguida avisaba a mi entorno de que no vinieran a verme. Es una responsabilidad enorme.

P: Por último, ¿qué esperas del 2021 también en lo referido a la llegada de la vacuna?

R: Como todos sabemos la vacuna no va a ser obligatoria, ni para los ancianos ni para nosotros, pero todos han dado su consentimiento, tanto ellos como sus familias. Todos los trabajadores también hemos aceptado, puesto que si nosotros nos la ponemos ellos también van a estar más protegidos. No sé cuándo llegará pero según me han comentado, en cuanto llegue la vacuna hay que ponerla antes de cuatro días, pero como nosotros estamos dispuestos que venga cuando quiera.

Deseo para el 2021 que se vaya el virus y que estas personas mayores puedan vivir los próximos años con la libertad que ahora mismo no tenemos.