Ana Rodríguez posa bajo palos con su nueva equipación tras su fichaje / Club Deportivo CÓRDOBA FS

La frexnense Ana Rodríguez ocupará la portería del Club Deportivo Córdoba Fútbol Sala

Entrevistamos a la flamante cancerbera del equipo cordobés, que empezó a dar pases en las calles del Lejío en nuestro pueblo

Alberto Márquez
ALBERTO MÁRQUEZ FREGENAL DE LA SIERRA

Las noticias deportivas de los principales medios de comunicación suelen estar protagonizadas por hombres. Más aun si el deporte en cuestión es el fútbol. Una dinámica que en los últimos años se empieza a equilibrar por el propio peso de los hechos. Buen ejemplo son los resultados en el medallero español en los últimos Juegos Olímpicos, celebrados en Tokio, o la relevancia que ha adquirido la Eurocopa de fútbol femenino durante un verano sin Mundial masculino.

Nuestra persona cercana de hoy es Ana Rodríguez Gómez (Fregenal de la Sierra, 1996). Ana es graduada en Educación Primaria con especialización en Educación Física por la Universidad de Córdoba, a donde se trasladó tras completar su formación como técnica en animación de actividades físicas y deportivas en Sevilla. Aunque actualmente se encuentra inmersa en la preparación de las oposiciones de funcionaria de prisiones, su vida ha girado siempre alrededor del deporte, ya sea la danza o el fútbol en todas sus categorías. Recientemente se ha incorporado a las filas del Club Deportivo Córdoba Fútbol Sala, donde ocupará la portería dentro del primer equipo que compite en la Segunda División Nacional. El pasado curso militó en categoría provincial, junto al Club Deportivo Adeval, también de la capital cordobesa.

Su pasión por la danza se retrotrae a su infancia, cuando con tan solo 5 años entra a formar parte de la escuela de baile del Grupo Folclórico Los Jateros. «Cuando llegué a Córdoba me inicié en hip hop y en Bollywood», cuenta de su experiencia en el Aula de danza de la universidad cordobesa, «pero como con el covid se paró, estoy esperando a ver si se inicia otra vez, porque en invierno hicimos algunas actuaciones». Nos comenta que para ella fue una sorpresa iniciarse en esta faceta de la danza, «pero el Bollywood es muy bonito, y la salsa y la bachata también me gustaría; pero más desde la cuna, no las clases de marca». «Pero es que no hay tiempo para todo» sentencia con una mirada deseosa de sacar tres o cuatro horas más al día para dedicarle a todas sus aficiones.

«El deporte, y todo aquello que está alrededor de la actividad, siempre me ha llamado la atención». Una pasión que desde bien pequeña la tenía horas y horas en la calle con el balón. «Yo jugaba en el Lejío con mis amigos del barrio, y siempre le decía a mi madre que quería apuntarme a un equipo», a lo que su madre respondía con un «niña a dónde te vas a apuntar, si no hay ná». Habría que aclarar que esa «ná» se refería exclusivamente a las niñas y jóvenes frexnenses, pues las actividades deportivas se orientaban especialmente a los muchachos.

«Yo me acuerdo que empezaron con el multideporte, que iban Pilar, Amparo, Patricia; pero era multideporte no era fútbol», es decir, una actividad que recogía varias disciplinas como baloncesto, vóley o fútbol. Un año más tarde, junto con un grupo de amigas crean un equipo femenino de fútbol sala, entrenado por su primo Javi. «Era aburridillo jugar al principio», relata con cierto tono de broma. Una etapa en la que empezó a ocupar su actual posición de portera, «yo decía me pongo, pero como no llegaba a la portería y era un juego muy pobre, pues te aburrías». Con los años fue mejorando la competición y se sumaron más compañeras, provenientes del multideporte. «Entramos en la Liga Tentudía y ya era otra cosa; estábamos Bea Bravo, María Carrasco, Meme Lara, Rocío también jugó, y María Polis; y ya era una piña, ibas a tus viajes y era muy chulo».

Ana Rodríguez sostiene el trofeo de ganadoras de la II Maratón de Fútbol Sala Femenino en 2013 / ARCHIVO JUAN IGNACIO MÁRQUEZ

Una etapa inicial que le permitió entrar en equipos que jugaban en categorías superiores, iniciando su andadura en Jerez de los Caballeros. «Bea se fue un año antes que yo, y ya le hablaron de mí, le preguntaron por mí, y al final me engañó y me llevó». Recuerda que «cuando yo llegué a ese campo de albero que me comía todos los votes de los balones», dado que Ana tan solo mide 1,57, «siempre me llamaban la atención por los saltos y los balones y yo les decía que no los medía», con una sonrisa en la cara y cierta ternura en los ojos. Una característica que no la ha impedido seguir estirando el brazo para llegar tan lejos como pudiera.

Una afición que no le permite sin embargo una dedicación completa. «Yo entendí tarde que no podía vivir del fútbol», asevera Ana con cierta pesadez, «le dedicaba muchas horas cuando iba a Jerez, eran muchos días mientras hacía Bachillerato». La familia fue un buen sustento y guía para que Ana encaminase su dedicación a los estudios, cuando trazó su camino a Sevilla y Córdoba, ampliando sus conocimientos en deportes. Primeros años en los que por culpa de una lesión no pudo practicar fútbol en ningún equipo, pero siguió conectada al deporte a través del TAFAD y de sus entrenamientos con niños pequeños. «Y al final eso te quitaba el gusanillo del fútbol; pero me vino muy bien para recuperarme de las lesiones».

Con la llegada a Córdoba se volvió a iniciar su camino en los equipos locales, de la mano del Córdoba Patrimonio de la Humanidad. «Estuve con ellos los dos primeros años de carrera», etapa en la que empezó a ocupar la portería con mayor regularidad. Aunque al principio fue un período de frustración, «era balonazo que te peguen y si la paras pues suerte, sin avanzar mucho de lo que hacíamos en el pueblo». A raíz de ello, cambió al Club Deportivo Adeval, inscrito en el barrio cordobés de Valdeolleros. Un cambio que le permitió especializarse más en sus tareas como cancerbera. «El entrenador me hacía entrenamientos específicos, y empecé a mejorar». Una experiencia que compartía con otras compañeras que la animaron a cambiar de equipo. Pero el covid también limitó mucho su avance, disminuyendo el número de entrenos y partidos, paralizando en parte la liga. «Aun así ese año ganamos la Copa y al siguiente año me pusieron un entrenador específico».

Ana Rodríguez con la bufada del Club Deportivo Córdoba FS / CD CÓRDOBA FS

Un camino que le fue generando cierta fama entre los equipos de fútbol sala femenino cordobeses, que le han llevado al reciente fichaje por el Club Deportivo Córdoba Fútbol Sala. «Ahora he tenido suerte de que mi entrenador específico va a seguir siendo mi entrenador en el club, entonces es un respiro». Llegar a un nuevo equipo le causa cierta sensación pues para ella «conocer a todo el equipo es muy importante». Un cambio de equipo que le permitirá jugar en la próxima temporada en la Segunda División Nacional de Fútbol Sala.

Aun con la gran noticia del fichaje, Ana considera que este tipo de ascensos le han llegado a una edad tardía. «Creo que me ha pillado tarde porque ahora mismo mi objetivo son oposiciones, plaza y a vivir», algo que le encantaría poder compatibilizar con el deporte a alto nivel. «Yo si puedo seguir hasta bien grande, adelante, pero no solo depende de mí, también el destino que pueda tener y la existencia de clubes en esos lugares sería una limitación».

Una vez llegados a este punto, cabe destacar que en el relato que realiza Ana de su paso por distintos clubes que le han llevado a este nivel, siempre ha habido otras compañeras que iban de la mano con ella, sirviéndole de apoyo y ejemplo. Una situación que se refleja en ella misma, que sirve de ejemplo en su entorno, aunque considera que ella misma «siempre he sido más de pasar desapercibida». «Para mí esto está suponiendo un mundo, sí es verdad que te da orgullo, al final sí, con 25 años, pero yo solo soñaba con llegar y jamás pensé que llegaría». Y recalca lo importante que para llegar a cumplir ese sueño ha tenido que contar con el apoyo de los demás. «Yo no me creo tanto como me dicen, y te quieres ir empezando a dar cuenta y te sientes orgullosa; pero no te lo llegas a creer del todo, el hecho de ser un ejemplo».

Llegados a este punto, Ana nos recuerda lo importante que es ejercer cualquier actividad del día a día con humildad, con el apoyo del equipo y siendo un apoyo para sus compañeras. «Si yo consigo que este año ellas se sientan seguras conmigo, ya habré ganado, me metan los goles que me metan», decidida a dar lo mejor para su equipo y para que las compañeras que ha ido dejando en el camino se sientan orgullosas también del esfuerzo que la ha llevado hasta aquí.