Los antiguos GPS del ganado

El ganadero Casimiro García tiene más de 500 campanillos y 200 esquilones que repara como le enseñaron su padre y abuelo

Casimiro García muestra orgulloso su colección de campanillos y esquilones.:: JUAN IGNACIO MÁRQUEZ
CASIMIRO GARCÍA
A sus 56 años, Casimiro García Cerrada es todo un especialista en el sonido de esquilas y campanillas que repara con sus propias manos gracias a la experiencia recibida de su padre e incluso de su abuelo. «Yo empecé pastoreando ovejas con mi padre cuando tenía siete años y a mi edad tengo claro que voy a seguir con los campanillos hasta que me muera. Llegado ese día, que mi nieto haga con ellos lo que quiera, aunque el campanillo tiene poco futuro porque quedan pocos ganaderos en el campo y hoy los animales se controlan más a base de cercas y con el apoyo de un hombre con un tractor que está al cargo de la finca.
Cuando yo era pequeño el pastor estaba con las ovejas, el cabrero con las cabras y el vaquero con las vacas y se recorrían las fincas a pie, pero todo esto se acabará perdiendo en nuestra tierra si es que no está perdido ya. Para nosotros, el campanillo era una herramienta fundamental porque en fincas muy grandes nos ayudaba a saber por donde iban los bichos».
Hoy, Casimiro García cuenta con más de 500 campanillos y unos 200 esquilones que repara como le enseñaron sus antepasados.
Recientemente, en una exhibición de oficios tradicionales organizada en Fregenal de la Sierra por el Bar Los Galgos, con motivo del desarrollo del último Festival Internacional de la Sierra, Casimiro mostró sus conocimientos en un oficio que como pudo comprobarse domina perfectamente, de principio a fin, explicando como son cada uno de sus campanillos y hasta clasificándolos por sus formas o el uso a que van destinados.
Diversos usos
«Tenemos el campanillo de 'piquete largo', el 'rebollero mediano', ancho arriba y más estrecho abajo, o el de 'media manga' que utilizamos para controlar las vacas. También lo hay de novillas a los que le damos un sonido peculiar; porque no se olvide que hablamos de metales, que cuando llevan algún tiempo si no nos gusta como suenan le damos un golpe y le cambiamos su sonido».
«A mí, particularmente, me gusta el campanillo 'áspero' que es el que suena como tradicionalmente lo hace el campanillo de una vaca y luego hay también el campanillo 'llorón' que es más fino», afirma.
Seguidamente mostró otra variedad de esquilas . «Unas más broncas y otras más claras aunque en este caso, señala, al ser de cobre no se les puede cambiar su sonido», son esquilones de cabras y también ovejeros.
La mañana avanza y el tema sigue dando juego, Casimiro se afana en explicar a la gente como aprendió de su padre a fabricar las lengüetas o badajos para sus campanillos. «De esto aún quedamos menos», afirmó. «Yo tengo un hijo con veintitantos años que no ha aprendido a hacerlo. Sin embargo mi hermano Ángel también sabe como se cambian.
«Cuando el campanillo se queda sin lengüeta, normalmente a los dos años de vida, mi padre y mi abuelo me enseñaron a sustituir las viejas y rotas por nuevas de fabricación propia hechas con un renuevo bueno de encina o punta de cuerno de vaca brava. Un trabajo que he realizado muchas veces desde hace 46 o 47 años y que ha permitido que mis campanillos sigan sonando, como si fueran nuevos, después de muchos años».