Encina del Rañal

Encina del Rañal/JCDE
Encina del Rañal / JCDE

Historia de una muerte anunciada

JUAN CARLOS DELGADO EXPÓSITO

Hace ahora una década, tomaba algunas anotaciones del estado en el que se encontraba la encina del Rañal, en Fregenal de la Sierra. En 2009 anotaba yo en mi cuaderno de campo lo que sigue a continuación:

«La encina presenta un tronco bajo y macizo aunque hacia el este se observan podredumbres y ataques de insectos xilófagos muy importantes, que sería urgente controlar, pues la estabilidad del árbol puede estar resintiéndose. Las podas típicas de las encinas, realizadas a este ejemplar a lo largo de su vida, ha hecho que presente una estructura excesivamente abierta; lo que está comprometiendo su estabilidad aérea. Tanto es así que, a principios de la década de los años noventa del siglo veinte, una gran rama con orientación este se desgarró, produciendo una gran herida por la que están entrando agentes externos que están afectando parte del árbol. Así mismo, durante la gran nevada ocurrida en la localidad durante el año 2006, otra gran rama se desplomó hacia el noroeste»

Cuanto me hubiera gustado a mí, no haber acertado en ese examen que hice entonces bajo aquella majestuosa encina, pues ahora se han cumplido aquellos temores del peligro de derrumbe, debido a su mal estado estructural. Francisco Martínez, agente del medio natural, ya se percató también del estado del árbol en su momento, informando de la situación.

Cuando escribo estas líneas, agosto de 2019, la encina ya no existe, solo queda el gran vacío dejado por esas inmensas ramas que se proyectaban sobre más 900 metros cuadrados, 14 metros de altura, un tronco con casi 5 metros de perímetro, y una edad estimada de 500 años. En definitiva, una de las encinas más impresionantes de la provincia de Badajoz.

No solo hemos perdido una encina centenaria, hemos perdido también parte de nuestra historia; una historia que quizás comenzó un día cualquiera de hace cinco siglos, cuando una bellota, sembrada por los hombres, llevada allí por algún arrendajo, o simplemente caída de otra encina cercana, dio lugar al comienzo de una fructífera vida, en forma de ese árbol sagrado de los Celtas, que en este caso tomaría, con el trascurrir del tiempo, el nombre de «Encina del Rañal», por encontrase en la finca del mismo nombre.

El verde de los árboles es parte de mi sangre, decía Fernando Pessoa, yo creo que con la perdida de esta gran encina, todos nos hemos desangrado un poco.

Juan Carlos con la encina
Juan Carlos con la encina / JCDE