Grabado de Benito Arias Montano / Philipe Galle

Arias Montano en el Colegio del Rey

En su intensa actividad universitaria, diplomática o eclesiástica por España y Europa, Benito Arias Montano dejó su huella en Salamanca, donde fue becario del desaparecido Colegio del Rey

JOSÉ ANTONIO LÓPEZ RODRÍGUEZ PONTEVEDRA

Benito Arias Montano, que fue amigo de Fray Luis de León, fue becario del Colegio del Rey en Salamanca. Lo fue en su calidad de Caballero de la Orden Militar de Santiago.

El Colegio, era uno de los de las Órdenes Militares que había en Salamanca, consecuencia de la fusión de dos Colegios distintos: el de Santiago de Uclés y el de San Marcos de León.

Fue fundado por el Emperador Carlos I en 1534. En 1811, durante la guerra de la independencia, el Gobernador de Salamanca barón Thiebault, para fortificar la ciudad manda demoler el Colegio del Rey y además el Hospicio, el Colegio de los Ángeles, el de San Patricio, el militar de San Juan, el de San Pelayo, Trilingüe, los Colegios Mayores de Cuenca y Oviedo y los restos del Alcázar.

Pedro Antonio de Alarcón en su libro Dos días en Salamanca, afirma que entre ingleses y franceses destruyeron dos terceras partes de los edificios monumentales de Salamanca y Mesonero Romanos en Memorias de un setentón cuenta la desolación de su padre, que era salmantino, cuando terminada la guerra llegaron a Salamanca y vieron su silueta en la que faltaban tantos edificios.

Vista de Salamanca en la que se puede apreciar el Colegio del Rey / CEDIDA

Con 33 años, en 1560, solicita Arias Montano ser admitido como sacerdote en la Orden de Santiago y tras minuciosa investigación para descartar toda posible ascendencia judía, es admitido.

Hay que recordar que Salamanca tuvo el triste honor de haber inaugurado los expedientes de limpieza de sangre en el más antiguo de sus Colegios Mayores, el Colegio Viejo de San Bartolomé, hoy Anaya. Si ya era aberrante y anticristiano distinguir entre cristianos viejos y cristianos nuevos como si el bautismo no surtiera los mismos efectos en todos, se añadía con esos expedientes una cuestión racial en la errónea creencia de la existencia de una «raza judía». Hoy se sigue hablando de «linajes judeo-conversos» mezclando y confundiendo esa religión y esa inexistente raza. Evidentemente, la práctica del judaísmo por alguien y su posterior abandono por conversión a otra religión, es una circunstancia personal irrelevante para su linaje.

El Colegio del Rey, obra de Rodrigo Gil de Hontañón, era de los edificios más bonitos de Salamanca, con sus rejas y sus escudos de la Orden de Santiago y dos esbeltas torres a los lados.