Localizadas las reliquias del Jesuita frexnense Manuel Solórzano y Escobar, evangelizador de las Islas Marianas

Los autores de la investigación junto a las reliquias en Segura de León. (Foto. Juan Ignacio Márquez)

El Padre Manuel de Solórzano y Escobar, jesuita nacido en Fregenal de la Sierra en 1649, participó en la evangelización de las Islas Marianas y murió en las revoluciones de los chamorros, nativos de las mismas. Tras ser degollado en 1684 en Agaña, isla de Guam de las Marianas, su cabeza fue enviada a España y guardada como reliquia en Fregenal de la Sierra hasta finales del siglo XIX, para pasar después a Segura de León y otras poblaciones bajoextremeñas. Se dio por perdida en un momento dado hasta que, recientemente, se reencontraba en poder de la misma familia que la recibió en Madrid.

Ello ha motivado una comunicación sobre el inicio de la colonización, conquista y evangelización de las Islas Marianas, así como sobre los avatares seguidos por la reliquia y su urna hasta el presente, a cargo de los estudiosos se origen segureño, Andrés Oyola Fabián, Licenciado en Filosofía y Letras y Doctor por la Universidad de Extremadura, facultad de Medicina, área de Historia de la Ciencia y Manuel López Casquete, Licenciado en Derecho, especialidad de Derecho Privado por la  Universidad de Sevilla y Master en Métodos de investigación en Ciencias Económicas y Empresariales

El trabajo de ambos se sustancia en una interesantísima ponencia, que culminan en estos días mostrando la dimensión histórica de este Jesuita, presente en la Galería de Hombres Ilustres de Fregenal de la Sierra, en la sala contigua a la nave central del santuario de la Virgen de los Remedios.

"El reencuentro reciente de las reliquias del Padre Solórzano, que se daban por perdidas, ha motivado la presentación de esta comunicación que creemos de interés histórico, religioso, arqueológico e incluso anatómico forense, señalan sus autores, habiendo despertando una atención muy especial tanto entre los jesuitas de la antigua provincia Bética como en los de la isla de Guam".

Comienza el trabajo con claras referencias al descubrimiento de las Islas Marianas, bautizadas en 1521 por Magallanes como Islas de los Ladrones, hasta desembocar en la llegada a Filipinas de los primeros Jesuitas en 1581, que provoca el desembarco del  Padre San Vítores en la isla de Guam, en junio de 1662. Dieciocho años después, en 1680, llegaría el Padre Solórzano.

Manuel de Solórzano y Escobar, según relatan Andrés Oyola y Manuel López, era el primogénito de una familia de la nobleza frexnense y tuvo que vencer la oposición familiar para ingresar en la Compañía de Jesús. Hizo el noviciado en Sevilla y llegó  como misionero a las Islas Filipinas en 1676, cuatro años más tarde terminó en la Isla de Guam.  Al llegar allí estudió la lengua natural de aquellas tierras y se centró en su tarea evangelizadora bautizando a más de trece mil nativos y consiguiendo que todas las islas reconocieran su obediencia al rey Carlos II. La Compañía de Jesús lo nombró provincial de las Marianas.

"El 23 de julio de 1684, puntualizan los autores de este interesante estudio, un grupo de insurrectos, tras haber derrotado a la guarnición española y herido gravemente al Gobernador Saravia, se dirigió a la misión jesuita de Agaña, capital de la isla, en el momento en que el Padre Solórzano decía misa. Le asestaron en la cabeza los golpes que el cráneo-reliquia manifiesta y finalmente le cortaron la cabeza".

Tras su muerte, los jesuitas recogieron la cabeza, considerándola desde ese momento reliquia del martirio del ilustre jesuita frexnense y a partir de entonces, comienza una segunda etapa en la historia del Padre Solórzano: la de los innumerables avatares por los que han atravesado sus reliquias

En cuanto al periplo que siguieron las mismas, se refieren Oyola y López a una verdadera "odisea" que las llevan a pasar de la isla de Guam por Madrid, Fregenal de la Sierra, Villafranca, Badajoz y Segura de León, donde actualmente se encuentran guardadas.

Desde la reaparición de las reliquias, el pasado mes de agosto, han sido numerosas las muestras de interés provenientes de historiadores locales, nacionales, filipinos y de las Marianas, entre ellos, Francis X. Hezel SJ o Alexandre Coello de la Rosa, citado repetidamente en este estudio por su especialización en la historia de la Micronesia y profesor en la Universidad Pompéu Fabra de Barcelona.

Además, refieren los autores de este trabajo, que se mostraba especialmente interesado el antropólogo español David Atienza, profesor en la Universidad de Guam y del Instituto Teológico Diego Luis de San Vítores de esa ciudad, quien señaló que: "se trata de las primeras reliquias de primera clase conocidas de un mártir de las Marianas, pues todas los demás se perdieron, que yo sepa, o han pasado a sus familiares y se han perdido".

Atienza es colaborador habitual del arzobispo de Guam en materia de procesos de beatificación y canonización, asunto en el que este arzobispo, Anthony Sablan Apuron, es particularmente activo. El pasado año culminó con éxito el proceso de canonización de Pedro Calungsod (1654-1672), ayudante de San Vítores en la misión de Guam Actualmente, este arzobispo está promoviendo la causa de canonización del beato San Vítores y, según Atienza, una vez culminado este proceso, comenzará a instruir el de beatificación de los mártires de las Marianas, donde con toda probabilidad se incluirá a Fray Manuel Solórzano.

El trabajo de Andrés Oyola y Manuel López llega, por tanto, en un momento clave poniendo en valor el importante hallazgo de estas reliquias del siglo XVII.