Puerta grande y salida por la enfermería de Israel Lancho en Fregenal

El torero cortó cinco orejas y un rabo ante reses que no le dieron juego para protagonizar una gesta mayor.

Herido pero contento, el matador paseó el rabo del sobrero aunque entró a hombros en la enfermería.
TOROS

No pudo ser, la fiesta ya estaba gafada desde primeras horas de la mañana. Tantos días sin llover y precisamente llegaba el agua en la esperada jornada en que Israel Lancho tenía planteado su primer gran reto de la temporada.

Cuando llegaron las reses a la plaza ya habían caído las primeras gotas que se reproducían más tarde a través de pequeños chubascos intermitentes. Durante toda la jornada más de lo mismo, lo que evitó que la plaza registrase un aspecto mejor en los tendidos, que congregaban aficionados hasta algo menos de la mitad del aforo de la plaza. No terminó de llenarse la zona de sombra y poca gente en los de sol.

Sin embargo, se veía a un Israel Lancho dispuesto a darlo todo y nada más llegar quiso pisar el ruedo antes de que sonasen los clarines.

La pena es que tampoco el festejo comenzaba con buen pie y nada más saltar el primero de la tarde, se malogró la res partiéndose por completo el pitón derecho. Era el colorao con mejor estampa de la ganadería de Juan Albarrán y continuaba aguándose la fiesta.

Corre el turno y sale el primero de Arucci, que estaba previsto como segundo, al que Lancho despachó con media estocada que tras la petición permitía que se le concediese la primer oreja.

Sobre el tercero, de ganadería sevillana de Yerbabuena cuajó el maestro mejor faena, porque el carpintero del maestro Ortega Cano se dejó hacer más y tras una estocada completa aunque caída, recibió dos orejas.

Luego el festejo entró en una línea descendente que mejor olvidar, hasta que ante el sobrero, que cerraba plaza, se conjuró Israel Lancho, iniciando la faena con capotazos rodilla en tierra, que despertaban a los tendidos y arrimones de verdadero riesgo. En uno de ellos, tras perder la cara del animal, también de Juan Albarrán, recibió un prolongado revolcón, tras terminar por los aires.

Sin embargo, el matador, herido más en su amor propio por los derroteros en que transitaba la tarde, por culpa del ganado, terminó la lidia con muletazos dignos de mención y algunas series bastante aplaudidas desde los tendidos.

La estocada final no fue de los mejor, pero con media terminó rodando la res y el festejo se cerraba con mejor sabor de boca del esperado y un Israel Lancho contento y finalmente satisfecho, que tras pasear las dos orejas y el rabo, terminó saliendo a hombros de la plaza, aunque con destino a la enfermería.

Luego, tras su salida de la misma, esperaban al torero pacense numerosos aficionados que le aclamaban, con numerosos aplausos; y a los gritos de "torero, torero" se abría paso renqueante, el matador, apoyado sobre los hombres de su gente.

Israel Lancho, salía, por tanto, por su propio pie y manifestó sentirse bien y muy contento, siempre dispuesto a atender a los medios señaló con frases muy cortas: "Estoy muy contento, muy contento, me encuentro bien, fenomenal".

Tras él salía, igualmente, de la enfermería el doctor Domingo Jiménez Álvarez, que  había intervenido al matador junto al doctor Librero de una herida además de larga, profunda.

El facultativo señaló: "Tenía una herida por asta de toro en el tercio medio de la cara externa de la pierna derecha, se le ha anestesiado la región, la hemos desinfectado, se ha cosido y tiene un drenaje puesto que tendrá que retirarse pasadas cuarenta y ocho horas. La herida tenía una extensión de alrededor de diez centímetros y se le han puesto unos quince puntos".

Preguntado por el alcance de la lesión, terminó manifestando el doctor Jiménez que "las heridas se pueden infectar, pero no interesa órgano hospitales a Dios gracias".