Fregenal extremeña

Portada de la Revista Extremeña Saber Popular

Una noticia publicada hace unos días en este medio daba cuenta de una actividad escolar  donde aparecían niños ataviados con el traje de "sevillana". Creo que la información no tendría más recorrido si el hecho se hubiese producido fuera de las actividades programadas por un centro de enseñanza, pero al no ser así ha suscitado relativo interés. En el foro  se vertieron opiniones a favor y en contra. Una de ellas decía textualmente "... pero de toda la vida de Dios las niñas y no tan niñas se vestían de sevillana en la feria de Fregenal...", además del manido recurso de la pertenencia de nuestro pueblo al reino de Sevilla hasta el año 1833. Más tarde, Luis José Nogales Masero, publica un denso artículo en dos entregas lleno de aportes históricos. Pues bien, quiero contribuir al debate abierto con las opiniones que expreso a continuación.                                   "Seguidillas manchegas -  son las que canto,  porque las sevillanas no valen tanto".

Los versos anteriores no quieren ser utilizados como una descalificación de las sevillanas; pretenden por el contrario, servir para situar sus orígenes y el momento preciso de la aparición de tan singular expresión.

El baile por sevillanas toma carta de naturaleza en la segunda mitad del siglo XIX, y tiene su origen en las seguidillas manchegas. Su popularización fuera de las fronteras sevillanas se registra  a partir de los años cincuenta del pasado siglo, como en el caso de otros bailes regionales de la mano de la Sección Femenina, mediante sus cátedras ambulantes. Poco después, la oleada de emigrantes andaluces lo esparce por media España.   Es la parte más representativa del folklore musical de Andalucía, muy a pesar, dicho sea de paso, del resto de las provincias andaluzas. Se trata de un baile cargado de colorido, alegría, enérgico, simpático, pegadizo, a la vez que emotivo y, sobre todo, en permanente evolución. No podemos darle estos atributos a otros bailes regionales que son más sobrios, cadenciosos y serios y con indumentarias menos coloristas. Por lo general, estos otros bailes se quedaron anclados en el tiempo, lo que por otro lado, sustancia su valor antropológico. El baile por sevillanas ha traspasado fronteras que en sus comienzos nadie podía imaginar. Hay academias en Japón, en EE.UU. de América, en países latinoamericanos y en toda Europa. En España no hay una sola comunidad autónoma que no tenga academias de sevillanas repartidas por su territorio. Dicho esto, se podría afirmar que este popular baile andaluz ha logrado convertirse por méritos propios casi en folklore del mundo, por lo que no es de extrañar que en cualquier acontecimiento social (bodas, comuniones, bautizos, comidas de empresa, congresos, ...) la gente termine bailando -o intentándolo- por sevillanas, sin necesidad de cumplir con el boato y rituales propios de las fiestas andaluzas, es decir, vestidos de faralá y de corto y con los elementos musicales que acompañan al baile, la guitarra flamenca y el tambor rociero. Otro tanto podríamos decir del flamenco, íntimamente ligado al popular baile que nos ocupa, recientemente declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Creo que podemos considerar de cierto consenso lo anteriormente expuesto.  Harina de otro costal es que en las fiestas patronales de algunos pueblos extremeños la gente adopte la indumentaria y el baile andaluz como típicos de su localidad, en detrimento de nuestro rico y variado folklore musical, lo que sin duda nos empobrece culturalmente ante la mirada de otras comunidades. Es aquí donde la pretendida influencia andaluza  soportada por razones históricas y de vecindad nos ha de hacer reflexionar.

 Badajoz, Cáceres y Mérida, por poner algunos ejemplos, en sus fiestas y ferias patronales exhiben en alguna medida la indumentaria andaluza, sobre todo en el caso de las mujeres, ahí tenemos la reciente celebración de la feria de San Juan y las imágenes que nos han ofrecido los medios de comunicación. Y cabe preguntar:  ¿también estas ciudades están influenciadas por haber pertenecido al reino de Sevilla?. Creo que la respuesta hay que buscarla en otras direcciones, además de las que nos relacionan históricamente con la Beturia Céltica, de cuando se entregó Fregenal a Sevilla, o con las relaciones de vecindad.

El déficit identitario que Extremadura ha venido soportando históricamente y que a mi juicio ocasiona estos comportamientos, como el sentir como propio algo que no lo es, justificaría la insuficiente consideración que le tenemos a nuestro patrimonio cultural. La identidad de un pueblo es la forma de ser y sentir de sus moradores, lo que nos diferencia de otras comunidades. Los actos cotidianos como el cantar o bailar, rezar, comer, enterrar a nuestros muertos, divertirnos, la influencia que el medio físico ejerce sobre nosotros, y cuestiones así de simples y así de importantes, configuran la personalidad de una región. Y no cabe duda que Extremadura tiene ese patrimonio, sobrado, lo digo con rotundidad; otra cosa es como lo utilizamos.

La secular marginación y pobreza, el binomio latifundio-minifundio, la falta  de un tejido industrial productivo, o los grupos oligárquicos, en el pasado,   han ocasionado extremas desigualdades sociales en nuestra región y expulsado a cientos de miles de extremeños de su lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida, impidiendo el desarrollo de la necesaria autoestima como para generar un verdadero sentimiento de identidad.  Por tanto, no sólo razones históricas, también políticas y económicas, justificarían ese desapego hacia "lo nuestro".  No podemos olvidar, por ejemplo, la reciente sangría sufrida por Extremadura en la segunda mitad del pasado siglo, lo que ella supuso para las familias que aquí quedaron desestructuradas y el desarraigo para las que se marcharon. No cabe duda que esta especie de" desprotección" por parte de la tierra que los vio nacer, provocó en ellos y en los que se quedaron un cierto sentimiento de indiferencia, surgido por las adversas condiciones de vida que tuvieron que soportar. Igualmente no  se puede pasar por alto la transformación que tuvieron que sufrir esas miles de personas que, finalmente, se adaptaron al medio que les dio de comer, como tampoco hace falta recordar que los hijos nacidos en la emigración no se sienten extremeños, sentimiento compartido por la mayoría de sus progenitores.  A veces me gusta imaginar que habría sido de esta tierra si todo el resultado del expolio económico y humano al que ha sido sometida durante demasiado tiempo hubiera dejado sus frutos en ella.

Admitida esa cierta carencia identitaria, que cada vez es menor -coincido con Luis José Nogales en el avance identitario que se ha producido en todas las regiones de España desde la aparición del estado de las autonomías-, me resulta un tanto simplista la afirmación que allí donde se bailan sevillanas es porque existe influencia de la cultura andaluza, teniendo en cuenta, como queda dicho, que este baile ha invadido medio mundo. ¿Alguien cree que un andaluz de Sevilla y un extremeño del sur son iguales?. ¿Es igual nuestra forma de hablar que la de un sevillano? ¿El carácter recio y sobrio de nuestros hombres y mujeres tiene que ver con el bullanguero, desenfadado e informal del sevillano?  

Afirmar que en Fregenal se han bailado o se bailan sevillanas no deja de ser una falta de rigor a la verdad. Identificar que la pertenencia a Sevilla en otros tiempos, por sí solo, es responsable de la cuestión que nos ocupa, tampoco parece acertado.  Nadie puede demostrar que a lo largo de más de quinientos años de historia de la Virgen de los Remedios se hayan visto estas indumentarias por el real, o en la fiesta de la Virgen de la Salud.  En toda la historia escrita que conozco aparece la más mínima referencia a la práctica de este baile en nuestra ciudad, de no ser cuatro o cinco fotografías sueltas, que en ningún caso lo justifican. Si alguna referencia mas reciente existe, es en determinadas ferias de San Mateo en las décadas de los años 60-70 del siglo pasado, donde algunas niñas aparecían con el traje de faralá, pero a este hecho ni mucho menos se le puede considerar generalizado, por el contrario, era la excepción, y cabe enmarcarlo en la promoción citada más arriba que efectuó la SS.FF.  En más de 250 ejemplares que poseo de prensa publicada en Fregenal desde finales del siglo XIX, he encontrado referencia alguna a esta práctica en ninguna de nuestras fiestas y feria. Es más, incluso en poblaciones cercanas como Segura de León y Monesterio, lugares donde está bastante interiorizado este "sevillanismo", es demostrable que su presencia no se puede registrar más allá de  hace 40-50 años, dato que dejaría sin eficiencia la tan pretendida influencia andaluza basada en razones históricas.

El estatuto de autonomía de nuestra comunidad autónoma, en uno de sus articulados, viene a decir algo así como que los poderes públicos y los propios extremeños tenemos la obligación de cuidar y difundir nuestras costumbres y tradiciones en pro de la identidad de nuestra tierra. En alguna medida los años de la reciente democracia han contribuido decisivamente a que Extremadura haya avanzado más que en siglos precedentes en esta materia. Nuestro sentimiento de pertenencia a esta tierra es mayor y, nuestro orgullo, también.