Un empresario en retirada

El impulsor de la principal industria cárnica de España deja de gestionar la empresa radicada en Fregenal de la Sierra

Ángel Del Cid ha ampliado Mafresa en seis ocasiones pero ya no tiene responsabilidades directivas. :: HOY
Nuestro usuario Turión solicita la publicación de un artículo publicado en Hoy el pasado 17.10 sobre D. Ángel del Cid Pol Angel del Cid Pol tardó muchos años en su vida en ver un cerdo ibérico. Y cuando lo vio seguramente nunca pensó que, con Mafresa, iba a ser el creador del gigante cárnico español estableciéndose en Extremadura y siendo proveedor, en sus años espléndidos, de El Corte Inglés o Carrefour. Ahora, cuando la plantilla de la empresa que creó tiene 155 empleados, unas instalaciones majestuosas en Fregenal de la Sierra y sus productos se exportan a países como México, Corea del Sur, Japón, Angola, Rusia o Brasil, este leonés casado con una frexnense pasa a segundo plano, algo que parecía impensable. Del Cid sigue siendo su socio mayoritario pero ya no la controla.
Los nuevos tiempos y una deuda de 43 millones de euros, aunque la sociedad tiene unos activos de 110 millones de euros, han jubilado a la fuerza a un veterano empresario hecho de la nada, paternalista y reacio a entregar Mafresa, que cuenta con un 39% de capital público con Sofiex, a otros propietarios aunque ese parece su destino.
Natural de la comarca minera del Bierzo, tuvo la infancia repartida entre el pueblo gallego de Camariñas, de donde era su madre, y el leonés de Noceda. La adolescencia le llevó a Fregenal, adonde trasladaron a su padre, un maestro que tenía mucho más conocimientos que riqueza. Allí conoció a Rosa, su futura mujer, y allí montó su primera empresa, relacionada con suministros para el sector agrario.
Antes había estudiado en Badajoz y Madrid pero Del Cid no estaba para la docencia. Su obstinada capacidad de trabajo le llevó a buscar nuevos mercados y se topó con la varita mágica de una firma que le dio dinero y poder. En los años 70 fue el rostro en España de una multinacional holandesa, Minolta, empresa de fotocopiadoras.
Su cuenta bancaria engordó sobremanera y se pudo retirar a vivir de las rentas pero el empresario decidió arriesgar «en un sector muy poco desarrollado, con una industria anclada en el pasado y muy familiar». Se refería al porcino y a crear una empresa que abarcase los tres ámbitos relacionados con el animal clave de la economía regional: su crianza, su transformación y su comercialización.
Mafresa nació en 1993 gracias a su persistente empeño y a la complicidad entusiasta de la Junta de Extremadura. El presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra y el consejero Manuel Amigo fueron dos pilares imprescindibles para que pasara de tener una fábrica de 6.000 metros a otra de 24.000 en 1999 y de 8.000 cerdos inicial a 60.000 por la misma época. La vitalidad de Ángel del Cid era contagiosa. Entraba en la fábrica a las siete de la mañana y no salía hasta cerca de las diez de la noche. Y viajaba mucho a Madrid, sabedor de que el éxito de su gigante pasaba por sacarlo de las fronteras extremeñas.
En la capital empapeló el Metro con carteles de Mafresa y se coló en la cartera de El Cortés Inglés y Carrefour. También le buscó trabajo a vecinos de Fregenal. Mafresa se hizo con un nombre y sus cuentas progresaron a pesar de basarse en un sector expuesto cíclicamente a los sobresaltos.
Su plantilla creció cada vez más (llegaron a contar con 202 fijos), pero nunca habilitó un comité de empresa. Algunos dicen que no le hacía falta porque negociaba-hablaba con ellos de padre a hijo y jamás fallaba en las nóminas. Su empeño en los últimos meses ha sido que no se despidiera a nadie aunque los aires de varias crisis (una, la de la propia gestión de la sociedad), le cambiara bruscamente el paso.
Del Cid, con achaques de salud, fue perdiendo el control de su criatura empresarial desde principios de año a la misma vez que algunos bancos se ponían nerviosos con algunos créditos y el incremento de la deuda. El gerente, Juan Luis Aceitón, es ahora el administrador de su imperio porcino. Mafresa, su sexta hija, camina ya sin él.