Fernando Pulido durante su intervención en el Ateoneo Frexnense.
Fernando Pulido durante su intervención en el Ateoneo Frexnense. / ALBERTO MÁRQUEZ

La regeneración con plantas resistentes como posible solución al problema de la dehesa

  • Para el profesor Fernando Pulido “La seca en la dehesa es como el SIDA que lleva mucho tiempo investigándose sin una solución convincente”

Volvían en la noche del pasado viernes día 23 de marzo las convocatorias del Ateneo Popular Frexnense, con una conferencia en la que se contaba, en esta oportunidad, con la colaboración de la cooperativa Fregenal Ganaderos de la Sierra para poner el foco en la problemática de la dehesa y sus soluciones.

Una charla que cambiaba de espacio, volviendo al salón de usos múltiples del Centro Municipal Nertóbriga, para recibir a Fernando Pulido Díaz, Doctor en Ciencias Biológicas y profesor del Centro Universitario de Plasencia, donde entre otras cuestiones imparte clase de Grado en Ingeniería Forestal y Medio Natural.

Una convocatoria que centraba el interés de medio centenar de ganaderos y profesionales del sector, que recibían un mensaje muy claro por parte del ponente: “La solución de la dehesa es que se creen árboles nuevos. Donde se muere uno hay que crear diez más. En la dehesa, dijo, tiene que haber regeneración de árboles porque pensar en la erradicación de los patógenos que producen problemas, como la seca, me parece ciencia ficción”.

Tras arrancar el reconocido científico en el interés de este sistema productivo y ambiental incomparable, que ocupa tres millones largos de hectáreas en España, destacándolo como es, añadió, “el sistema agroforestal más extendido en Europa y probablemente el más apreciado en el extranjero gracias a su importancia productiva y social y también a la biodiversidad que aporta al territorio”, centró la atención de los presentes en cómo resulta ser el fruto de una creación humana, que no surge por sí sola. “Mi abuelo, afirmó, me explicaba cuando era pequeño como ya ellos trabajaban mucho la dehesa, a través de un proceso de verdadera artesanía del paisaje”.

Una intervención que llevaba a este reconocido experto en la problemática de nuestros montes a incidir, permanentemente, en la regeneración como la única solución real para un ecosistema al que afectan numerosos elementos externos que Fernando Pulido fue desgranando, al tiempo que lamentó no haber encontrado soluciones definitivas que resuelvan de una forma real el modo actuar frente a ellos.

Tras hablar del ciclo biológico de la dehesa, se refirió Pulido a los problemas de que se tiene que librar la bellota para que fructifiquen nuevos árboles, constatando cómo “solo una de cada 10000 bellotas produce una planta y la probabilidad de que fructifique, finalmente, es cero”.

Desde una evidente convicción sustanciada en el conocimiento real de las plagas de la dehesa que producen bichos diversos: orugas, el ataques de numerosos insectos y por último la seca, tradujo su preocupación el veterano profesor en que “cuando esos animales son muy abundantes, casi siempre, detrás de ellos, hay un problema en el manejo de la dehesa, luego la cuestión no son los animales, señaló, sino el envejecimiento del arbolado”.

Particularmente centrado en las preocupaciones que, más tarde, puso de manifiesto su auditorio, en la acción destructora de la seca “capaz de matar un árbol o incluso dehesas enteras, como ocurrió en la zona del Andévalo, en la provincia de Huelva en los últimos 20 o 30 años” trasladó el foco Pulido Díaz hacia un problemática de identificó como de orden mundial que, también, había llegado a otras especies arbustivas en EEUU, Australia o África, señalando, especialmente preocupado en este asunto, que “esta enfermedad de la dehesa es como el SIDA u otras enfermedades, que llevan mucho tiempo investigándose sin una solución convincente”.

Un problema con 5000 focos abiertos a día de hoy, que en nuestro entorno afecta al dos y pico por ciento de la superficie total adehesada en Extremadura, dijo.

“La dehesa, añadió, tiene un defecto de fábrica y es que con el paso de los años pierde árboles y lejos de todo lo que pueda pensarse, la principal razón, aunque no sea la más llamativa, es porque no hay regeneración, nacen muchos menos de los que se pierden. Si nacieran árboles nuevos no habría problema”.

Participantes en la convocatoria del Ateneo.

Participantes en la convocatoria del Ateneo. / ALBERTO MÁRQUEZ

SOLUCIONES

Una aseveración evidente que le llevó a concluir en tres o cuatro técnicas que desembocan en la regeneración de nuestras dehesas y para las que, en algunos casos puso como ejemplo las actuaciones que se están llevan a cabo, actualmente, en la vecina Portugal.

“En Portugal, dijo, que son más forestales que ganaderos, porque el corcho les da mucho dinero, están quitando ganado del medio, aunque sea en determinadas épocas del año, lo que lleva a plantar árboles nuevos. Otra opción, señaló, es que en algunas fincas se hace una rotación, utilizando zonas de una parte de las fincas, en la que no se utiliza el pastoreo, pasando a criarse árboles pequeños, que luego desbrozamos y producen nuevos árboles que se convierten en una dehesa; se ha visto en pocas fincas, afirmó, pero es una herramienta al alcance; aunque, en todo caso, la herramienta más habitual es la densificación. Plantar encinas y alcornoques, sin eliminar el pastoreo, con ayudas públicas importantes y jaulas que hoy en día está aportando la administración para solventar el problema. Por último, la otra opción es plantar los árboles con exclusión del pastoreo durante diez o quince años”.

Soluciones, diversas, por tanto para una noche que se cerró con numerosos interrogantes planteadas por el público asistente, que volvían a permitir al ponente, cerrar el acto con la necesidad de poner sobre la mesa sucesivas aportaciones que, entre otras cuestiones, como ocurría al final de esta convocatoria, hacían coexistir los problemas que plantea la dehesa con soluciones de equilibrio y plantaciones de ejemplares especialmente seleccionados.

Como señaló Fernando Pulido: “Hemos cogido bellotas que están en medio de focos de seca y esos árboles no se mueren. Tenemos constancia de que hay árboles más resistentes. La razón de que así sea es que sus raíces producen una sustancia tóxica para el hongo de la seca. Si cojo una encina en el campo con bellotas las plantas que salen de esas bellotas son más resistentes. Se trata de bellotas perfectamente reconocidas por la gente del campo que son más amargas.

Entonces esa es la línea de trabajo en la que hay que avanzar, reforestar y regenerar las zonas afectadas con árboles resistentes. De hecho, estamos estudiando, los mestos, los híbridos de encinas y alcornoque, árboles mestizos, que básicamente son encinas que producen bellotas con el polen de los alcornoques o al revés. Esos árboles resisten mejor la seca que los ejemplares puros. No obstante, hoy todavía no me atrevo a decir que plantemos solo mestos, aunque en los próximos dos o tres años sabremos más sobre estos árboles más resistentes”.

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