Miguel Pérez Reviriego. CEDIDA
Miguel Pérez Reviriego. CEDIDA

Miguel Pérez Reviriego: Desde la última vuelta del camino

  • El poeta frexnense "vuelve" desde la distancia a su Fregenal natal.

Conozco a Miguel Pérez Reviriego (Fregenal de la Sierra, 1955) hace veinticinco años, tal vez alguno más, no recuerdo bien, quizá no importe… Tendría que ponerme a repasar ahora mismo mis papeles, a leer de nuevo las dedicatorias de sus libros, a levantarme y contemplar el cuadro que me pintó en Granada, a rescatar del polvo y la memoria los recortes de prensa de un tiempo en el que Miguel y Fregenal eran como la uña y la carne, como el alma y el armario, como el verso y la palabra…, y Quintero, Joaquín Parra y él mismo los "Quintero, León y Quiroga" de entonces y de aquí, que es como decir los encargados de ponerle letra y música a una época y a un pueblo, nada más y nada menos que a unos años y, sobre todo, a un pueblo.

¿Qué recuerdas de todo aquello?

—Eran otros tiempos, claro. Acabábamos de salir de cuarenta años de silencio, (casi) todo se nos antojaba nuevo, "los de siempre" no se mostraban especialmente dispuestos a perder ni aun uno solo de sus más amados privilegios…, así que a los "intelectuales" de la época no nos quedó más remedio que ponernos a bailar con la más fea o, quizá para evitar males mayores, a condescender con lo que fuese, "estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros" (la frase es de Groucho Marx), yo me callo, "pero la Tierra se mueve" (Galileo).

Personalmente, ¿qué etapa vino más tarde?

En el verano del 82, me fui a vivir a Granada. Más exactamente, hasta el 99, "sobreviví" en Granada.

¿Por qué "sobrevivir"?

—Porque hay muchas maneras de estar en un sitio, de estar pero sin estar, de estar como sin estar, de no estar físicamente, pero eso es lo de menos, de no hacerte visible aunque te vean, de no escuchar a nadie aunque los oigas…, de no acabar siendo nunca (ni por toda la felicidad del mundo) de donde "se pace" sino de donde "se nace", o lo que pasa es que "la verdadera patria del hombre es su infancia", que dijo Rilke.

Tú, entonces, ¿de dónde te sientes?

—Parafraseando, perdona por la palabra, a Antonio Muñoz Molina (que es de aquí al lado, de Úbeda), cada vez estoy más convencido de que no somos de donde vivimos (vete a saber por qué ni por qué no) ni, por decirlo así, frívolamente, de donde pasamos nuestras siempre merecidas vacaciones…: Somos de adonde siempre vamos a volver. Así que, sintiéndolo mucho, Soy de Fregenal de la Sierra (perdona nuevamente).

Y ahora Jaén…

—Sí, desde el 99…

¿Qué pasó después?

—En junio de 2004, "me encontré" con mi hija en un remoto juzgado de la provincia china de Hubei: sin duda, el mejor regalo que he recibido en mi vida. El "problema" fue que, según las estrictas normas de la cortesía oriental, los regalos, sobre todo cuando se trata de presentes especialmente valiosos, hay que tomarlos con las dos manos… Y, claro, con los veinte dedos ocupados, dime a mí cómo escribía… Así que opté por colgar los "bártulos" literarios, por lo menos, hasta que ella dispusiese de cierta autonomía personal. Pronto va a cumplir quince años y creo que en todo este tiempo se ha ido pertrechando de lo más valioso que una persona se puede echar a las espaldas para seguir su camino sin necesidad de nadie: una sorprendente capacidad de autocrítica y el convencimiento de que una burda mentira no se convierte en verdad por muy alta que sea la consideración social de quien la dice…, o, normalmente, la grita.

¿Qué haces ahora?

—Lógicamente, fue pasando el tiempo. Así que, ante la evidencia de que la niña se me estaba haciendo mayor, empecé por estudiar durante más de un año la Iglesia protestante que se fundó en Ibahernando (Cáceres) a principios del siglo pasado… Todo marchó sobre ruedas, los poco más de quinientos habitantes del pueblo se volcaron con mi historia, así que no me quedó otro remedio que publicar un libro de más de doscientas páginas, profusamente ilustrado.

¿Te sientes protestante?

—Yo no es que me sienta protestante, pero cuando todavía "acaricio" hoy la Biblia evangélica que se compró mi abuelo en Huelva (mi abuelo tampoco era protestante, pero le encantaban los libros raros), siento algo muy especial entre los dedos: me considero un "protestante emocional y no teísta"… Cuando presentamos el libro que te cuento, dije (categóricamente) que, para escribirlo, era necesaria una persona que no fuese ni católica ni protestante ni, a ser posible, hubiese nacido en Ibahernando. Yo reunía los tres requisitos.

¿Qué significan para ti la Historia y, sobre todo, el Arte?

—Tampoco me siento un conspicuo "historiador" en el sentido más académico del término, ni, mucho menos, un prolífico comentarista de Arte… Lo que pasa ahora es que mientras me voy haciendo cada vez más viejo (yo nací bastante antes de que los absurdos eufemismo camparan a sus anchas por los "verdes valles" del idioma…), me doy más perfecta cuenta de que, una vez que lo de Ibahernando quedó palmariamente claro, no podía pasar por alto aquellos años que residí en Badajoz (1973/6), es decir, las tres entrañables temporadas que pasé en la capital yendo todas las tardes al museo arqueológico de la Torre de Espantaperros, primero, al cine, de seis a siete y media, y al piso de Silveira de la Avenida de Colón, hasta la hora de cenar, que era un pintor de los que quedaban pocos, había nacido en Segura, vivido en Fregenal del 34 al 36, y todavía se acordaba de lo guapa que era Julia Albano… Y eso que, por entonces, aún no le habían dado el Premio "Eugenio Hermoso", ni puesto una calle con otro nombre, ni otras cosas de las que hablo en mi trabajo…

'Hombres y máquinas'

'Hombres y máquinas' / . 1984. G. Silveira. (Premio Eugenio Hermoso).

¿Qué nos puedes decir de Silveira?

—Es un personaje fascinante, sencillamente fascinante… Con lo difícil que es ser sencillo. Un artista y un hombre que donde verdaderamente se encontraba a gusto era en los arrabales, en los barrios más humildes de las muchas ciudades por las que pasó en su vida, conversando, echando un cigarro y un vaso de vino con el del bar de la esquina, con el que recogía la basura, con el guardabarreras más viejo del apeadero, con el payaso del circo que acababa de llegar y pronto iba a marcharse… Hoy, 11 de enero, habría cumplido 96 años.

¿Y de tu trabajo sobre él?

—Yo no "he venido a hablar de mi [trabajo]" (Paco Umbral). Pero supongo que no estaría de más que, por lo menos, quienes tienen ahora mismo la responsabilidad de decidir qué merece ser publicado, y qué no, por estas tierras (hablo preferentemente de organismos oficiales) tuviesen a (muy) bien echarle una ojeada, por si les interesan las andanzas y tribulaciones de un buen pintor, nada menos que de todo un buen pintor, de los que quedan pocos, que nació junto al castillo de Segura y vivió dos cursos en Fregenal…, escritas y ordenadas por uno que, aunque vaya poco por el pueblo, según los sabios pensamientos de Muñoz Molina, sigue siendo de Fregenal (mil perdones).

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